El oasis... (Capadocia, Turquía)

jueves, 3 de febrero de 2011

Las falacias de la Reforma Laboral I

"Falacia: 1.f. Engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien."(Extraído de la RAE)

Vamos a presuponer el principio de buena fe en el Gobierno (y en la clase política en general) y vamos, por tanto, a creer que el Presidente Ejecutivo, los miembros de las Cortes y los sindicatos no han querido "dañar", así en crudo, a sus ciudadanos-votantes o militantes. Asumamos esto como seres optimistas que queremos ser y, aún así, una mirada detallada de la Reforma Laboral que el Gobierno nos regaló el 18 de septiembre pasado demuestra que está llena, regadita, de mentiras o "fraudes". Lo que aquí se expone son unas ideas básicas extraídas de un seminario en el que un experto en Derecho Laboral nos describió el proceso de elaboración de la reforma, sus objetivos y su contenido. Un ejercicio de retórica y de uso de la falacia  tan soberbio que el propio Aristóteles se quitaría el sombrero (si acaso lo hubiera tenido). 

Dada la extensión del texto (y porque una lleva meses entre juristas y está perdiendo la capacidad de síntesis... si Kapuschinsky levantara la cabeza...) haré dos entradas, una con los antecedentes y el proceso de elaboración y otra con el contenido del texto y sus implicaciones.

Empecemos pues, con el proceso de elaboración, opaco, confuso y poco democrático de la susodicha. Estrenaba el PSOE su primera legislatura cuando, el 8 de julio de 2004, proclamó la "Declaración para el Diálogo Social", un acuerdo en el Gobierno se aliaba con la patronal de empresarios, CEOE, y los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, con el triple objetivo de lograr la "competitividad, el empleo estable y la cohesión social". El cuarteto de representantes se embarcó en un proceso negociador en el que la práctica totalidad de la sociedad civil quedó al margen.

El llamado "diálogo" se prolongó durante la primera legislatura y la primera mitad de la segunda sin arrojar resultados. De repente, en el auge de una crisis que ahogaba al Ejecutivo y las serias amenazas (por no decir chantajes) de los organismos políticos y financieros internacionales, el 12 de mayo de 2010 el Gobierno anunció su tristemente famoso paquete de recortes en el gasto social (capítulo aparte que aquí, por espacio, no se puede analizar). Al mismo tiempo, declaró que después de años de diálogo infructuoso, se fijaba una fecha límite para adoptar la reforma laboral, viniendo a decir que ésta se haría en colaboración con todos los actores, o sin ellos.

Y así fue: el 16 de junio de 2010, Rodríguez Zapatero anunció a la sociedad española el Real-Decreto Ley 10/2010, que contenía la reforma del mercado de trabajo. (Conste decir que, según el Tribunal Constitucional, es contrario a la Constitución legislar a golpe de Decreto, dado que éste sólo puede usarse en casos de acuciante necesidad y urgencia, presupuesto que no se da para una reforma laboral). Tal fue la conmoción política que el Gobierno se vio obligado a tramitar el texto en el Parlamento como un Proyecto de Ley, para que los partidos en el Congreso presentasen sus enmiendas a los diferentes artículos. Mientras tanto, la reforma estaba en vigor con carácter temporal y el proceso de tramitación, lejos de ser democrático y de consistir en un debate reflexivo donde la sociedad pudiese meditar y participar en un proceso tan trascendente, se hizo tal que así: rápidamente y en pleno verano, a través de una Comisión que tramitó el Proyecto con "carácter de urgencia" (por derivar de un Decreto-Ley). El nuevo texto fue aprobado el 18 de septiembre de 2010 (Ley 35/2010), apenas tres meses después del Decreto y mientras los españoles intentaban disfrutar las vacaciones en la medida de lo que la dichosa crisis permitía.

De hecho, el carácter tibio e inútil de esta tramitación parlamentaria es evidente al observar que el contenido del Decreto-Ley y de la Ley presentada en septiembre es prácticamente idéntico. 

Los puntos de este contenido se analizarán en la próxima entrada pero, por si aún cupiera duda alguna, adelanto las claves: todo para los empresarios, nada para los trabajadores y en cuanto a su objetivo último, (que era, según insistió el Gobierno, reducir el desempleo), totalmente infructuoso. 

Para terminar esta parte, sin ánimo de desalentar más al personal, sólo cabe afirmar con rotundidad que la frase "esta reforma no toca los derechos de los trabajadores" es una pura falacia o, como dice la RAE, "una mentira o engaño".

Imagen extraída de aquí (artículo de Juan Torres muy recomendable!)

domingo, 2 de enero de 2011

Feliz Año Viejo

Para el próximo 1 de enero, si la resaca lo permite, os invito a salir a pasear un rato a última hora del día (hacerlo por la mañana es inútil, todavía es un 31 de diciembre prolongado más de la cuenta). Este año tuve una Nochevieja tranquilita así que, tras seis horas de sofá frente al televisor, decidí levantar el trasero y darle un poco de aire fresco.

Recorrí el centro de esta ciudad, Sevilla, que a ratos me encanta y a ratos me enerva y me entregué a la tarea contemplativa, buscando señales que revelaran las diferencias de ese Nuevo Año tan celebrado.

Para empezar, el Guadalquivir seguía en su sitio (buena noticia) y siguiendo: Los bares de Triana parecían repletos como un sábado más, las señoras ataviadas con las pieles de visones muertos recorrían la Calle Asunción, cuyos soportales aún albergaban las personas sin casa ni refugio a los que este año, tampoco, les había tocado ninguna lotería. Cerca de estos "homelesses" (o sease, indigentes), vi pasar un par de figuritas de porcelana de metro treinta con cabecitas rubias y calcetines de lino, corriendo y riendo. La mano de un padre en espaviento (figurita de porcelana también, pero de metro setenta), tiró de ellos con cara de "aparta de ese, nene, ¿no ves que te vas a manchar?" Fue esta imagen la que me hizo pensar: de Año Nuevo nada, el calendario es un embustero empedernido, un estafador a sueldo. El 1 de enero de cualquier año abre la puerta de una reproducción cuasi exacta de lo que atrás dejamos, con cambios pequeños en las vidas personales de muchos, eso sí, pero en lo esencial, en lo estructural, todo sigue igual. 

Los intelectuales debaten sobre el discurrir de la Historia y el paso del tiempo. ¿Es lineal, en ascendente o descendente, una sucesión de etapas que llevan a la especie humana en una dirección concreta? ¿Circular, una infinita repetición de hechos que nos hacen tener la ilusión de movimiento cuando sólo  giramos sobre nosotros mismos? ¿Cíclica, como la economía del capitalismo? (ahora en receso, dentro de quince años en progreso, y así ad infinitum).

Una servidora no tiene mayor idea, pero hay indicios que me hacen sospechar: 

1. El 26 de diciembre de 2004 el Tsunami de Indonesia devora gran parte de este país y Sri Lanka, Tailandia e India, dejando un cuarto de millón de muertos. La sociedad se estremece y la gente abre cuentas solidarias en el Santander. Unos nueve años más tarde, el 10 de enero de 2010, un terremoto sacudió Haití, el país más pobre de latinoamérica, dejando un número de muertos no definitivo por la epidemia de Cólera que ya deja más de 500.000 fallecidos (el cólera se puede curar con una simple dosis de antibiótico). Los desastres naturales, fruto de un crisol de circunstancias entre los que se encuentran la nefasta gestión mediomabiental  del humano y las condiciones socioeconómicas que hacen más vulnerables a los países afectados, se suceden cada año. Destruyen las vidas de millones de personas, pero la cobertura mediática de cada uno de ellos no parece sino la parodia barata del "suceso" anterior y a la gente, claro está, plim, yo tengo mis uvas para Nochevieja y mantengo el curro, me doy con un canto en los dientes

2. Esta crisis económica no es más que otro nuevo ciclo del sistema capitalista, se estudia en los libros de economía de bachillerato y no atiende más que a la propia estructura del sistema. Los agentes económicos (bancos, financieras, inversores, especuladores), no hacen sino el papel que les corresponde, tal y como en las crisis del 29 o del 93. Nos recuperaremos, mal que bien, volveremos  consumir y a caer y habrá víctimas de todo tipo, menos del propio sistema, que se devora y se alimenta de sí mismo. 

3. Más allá en los intervalos de tiempo: el 12 de octubre 1492 Cristóbal Colón, nuestro héroe nacional, alcanzó las Bahamas y describió a quines le recibieron con regalos y honores como "seres salvajes, dóciles, que habrá que civilizar (al tiempo que los esclavizamos)". El 7 de octubre de 2001 y el 20 de marzo de 2003, otro héroe (al final más despechado) inició sus propias cruzadas de guerra-liberación contra Afganistán e Irak para capturar a los malos y civilizar sendas sociedades cuasi salvajes también.

4. De Palestina no hablo porque es un dejá vú constante, pero hierve el recuerdo de los 1.400 palestinos asesinados durante la Operación Plomo Fundido entre el 27 de diciembre de 2008 y el 10 de enero de 2009. Ayer, 1 de enero de 2010, una mujer palestina murió por el gas tóxico lanzado por el soldados israelíes durante una protesta pacífica contra el "muro de la vergüenza".

5. Para terminar (por si tú, lector, aún no odias lo suficiente a la cansina pesimista que escribe estas líneas), tampoco cambia la mentalidad social: cada año que pasa, como el anterior, arrojamos balones fuera sobre las causas de los males que azotan el mundo, sintiéndonos como mayoría una parte de la humanidad que apenas suponemos el 20 por ciento de la población mundial. Miramos a otro lado porque molesta, de verdad, mirarse al espejo e imputamos de todos los problemas existentes a la "necia clase política", por lo fácil que es buscar un cabeza de turco, porque mientras otros "nos dirijan", otros serán los culpables. 

Ahora ya sí me odias del todo, porque empezaste el año contento con tus buenos propósitos de dejar de fumar y acudir al gimnasio y, encima, te habías hecho socio de una ONG. Espero que no me guardes rencor (aunque sí el haberte incomodado un poco) y, como yo no soy rencorosa, sí te deseo un 
FELIZ AÑO VIEJO. 

(PD: Gracias mamá, por ese desliz verbal que me dio la idea para este post, que tampoco dice nada nuevo, por otra parte).

martes, 23 de noviembre de 2010

Sólo "yo" o el valor de las palabras

 

Hace décadas, siglos, milenios, que no me enfrentaba a esta pantalla en blanco. La mirada interrogante de esta plantilla de blogger que se pregunta de qué "palo" iré esta vez: ¿seré la "periodista concienciada" que relata injusticias para intentar hacer las desgracias ajenas un poco más cercanas al feliz individuo? ¿o quizá Sofía, ese álter ego tras el que ocultarse para escribir desde la intimidad sin la incomodidad del "yo" tan privado? 

Sin plan alguno, hoy sólo soy ese "yo", aunque tenga menos encanto y aunque con ello rompa todas las reglas que un día impuse a este blog. Será la única manera de seguir escribiendo: quitar restricciones, pulir menos, actuar más y hacer, en definitiva, lo que llevo haciendo los últimos meses: improvisar, improvisar e improvisar. 

¿Será esto un indicio (de)formación profesional? ¿Será consecuencia de la inmersión en el mundo (teórico) de los derechos humanos (donde pocas cosas salen a derechas y, por el momento, estoy viendo a pocos humanos fuera del aula)? Hace tres meses comenzó una aventura encaminada a formar a una "periodista especializada en derechos humanos" (esas palabras sonaban tan bien juntas...) Había entonces muchas ganas de aprender y trabajar, y más opciones de hacer lo primero que lo segundo, ergo "voilá"! otra licenciada engrosando las listas de inscritos a los másteres de este país. 

En este periodo, he leído mucho (mucho.....), he pensado más aún (en filosofía se piensa muchísimo y,  si es filosofía del Derecho, con más vueltas si cabe) y he escrito algunos folios que, releídos en la distancia, no logro descifrar.

Ahora unos ojos atentos observan palabras escritas en publicaciones prestigiosas o pronunciadas por "personalidades" de la política y el Derecho que nunca pensé en conocer. Y buscan la relación de lo teórico con la realidad, con lo que late, sangra, respira y siente. Siempre se me han dado mal las abstracciones, buscar el sentido de las palabras cuando se antojaban demasiado lejanas al input del significado inmediato, lo impactante, lo sonoro. Quizá, por esto me cuesta ahora entender la realidad que subyace a los términos de libertad, igualdad, solidaridad que tanto resuenan en la oratoria política y que figuran, dicho de paso, como "valores superiores" de la Constitución Española que rige este país y en sus textos homólogos en muchos otros Estados. 

También, quizá, esta incapacidad derive de una incredulidad hacia estas palabras tan manidas con el uso, malogradas con el abuso y despreciadas por la retórica incompetente. 

En fin, demasiados "quizás" para tan poca praxis acumulada así que, bien sea por miedo al fracaso por o por constancia (dos caras de una misma cobardía), habrá que seguir hurgando hacia el valor de las palabras.


jueves, 5 de agosto de 2010

El regreso


Hace un par de años (casi en otra vida, vamos) solía pasarse por aquí una tal Sofía. Rondaba los veintitantos, era despierta, tan tonta y lista como el resto de los mortales, tan ciega y lúcida como la condición humana permite. Observaba su alrededor (desde la limitada perspectiva que cada uno sustenta), analizaba (para bien o para mal) y, con todo esto, nos relataba su mirada. Por eso, este blog se llamó durante un tiempo "La mirada de Sofía"

Durante sus dos años de ausencia ha llovido bastante. A ratos agua limpia y fresca; otras veces tierra espesa, sucia, como la tormenta que llega de África y cubre España de una capa marronácea, regalándonos un manto de homogénea fealdad. Por lo poco que sé, este periodo ha servido a Sofía para buscarse y no encontrarse (maldito el momento en que uno se encuentra y se ata definitivamente). Las idas y venidas, los viajes (físicos e imaginarios), le han dado la desorientación necesaria para no caer en la cómoda modorra y ahora, me ha dicho, quiere seguir observando el mundo (a ver si con la mirada, como algunos dicen, se puede modificar algo). 

Ayer por la mañana no estaba tan decidida. Había sido una noche larga y bastante prodija en copas, pitillos y otras sustancias repletas de siglas difíciles de memorizar. El sol cegaba la cama desde hacía rato y el gato contribuía al calor desparramando sus tres kilos de pelo persa sobre el colchón. No tener amantes para esto, pensó mientras atizaba  un puntapié al felino, que huyó, no sin antes proferir un buen maullido despechado. 

Se arrastró hasta el baño y hundió la cabeza en el váter, que recibió un abudante caudal de desecho gástrico. Ducha en estos recios episodios matinales, alcanzó su arsenal de pastillas para la resaca, hurgó entre las cajetillas más variadas y alcanzó el blíster de aspirinas: dos para la boca, tragar a palo seco y ¡lista para el arranque!

A ver qué se cuece hoy... es cierto que había prolongado en exceso su periodo de relax y meditación. Ya se había repuesto del mal trago del año pasado y no había excusa para seguir vagueando a costa de penas caducas y dinero familiar. Sin embargo, poco se puede hacer en agosto así que... Había cinco mensajes en su bandeja de entrada. Esperando dar con flyers de alguno de los baretos a los que era asidua, abrió el primer e-mail, "Sin asunto":

We miss you. We hope you are well. Where are you?  

Ella, era ella. Maldita sea. Sofia corrió hacia el retrete y esta vez no eran desechos de alcohol lo que arrojaba, sino recodos de la memoria y remordimientos que había intentado anular. 
Pero no así hay manera, ni es el camino. Sofía sabe que sólo hay una huida del dolor y el miedo, y es hacia adelante, actuando por lo que algún día creyó. Por eso vuelve a la carga, por eso retoma la palabra y el hecho, con todas las dudas, los errores y el fracaso asegurados. Así me lo dijo anoche, ante un vaso de vino, en el bar donde nos conocimos...

viernes, 18 de junio de 2010

Hasta siempre, Saramago

"Que tenía cerca de 90 años", me repetí varias veces para disipar la sorpresa y el sentimiento de  indignación de a quien le arrebatan 'algo' preciado. Aún así, algo no me cuadraba al pensar que José Saramago había muerto esta mañana, sin dar más previo aviso que el paso del tiempo surcando ese rostro siempre vivaz y atento. Me enfadé, porque en estos momentos intentaba recuperar la parte de su obra pendiente y me sumergía en aquella Caverna que hasta hace unas semanas bramaba furiosa en mi estantería de los libros que esperan a ser inaugurados. 

Llevaba más de seis décadas vomitando su crítica vision de la sociedad en poesía y prosa, en novelas, relatos, ensayos, obras de escena. Sus detractores lo acusaban de "espeso", barroco o "espartano",  por esas líneas interminables, austeras en signos de puntuación, que te arrastraban por la página en un laberinto a veces infinito. Pero Saramago, hijo de jornaleros hecho a la dificultad y el esfuerzo, exigía un lector aplicado, que pusiera toda su inteligencia y empeño en la intensa tarea de la lectura. Y el trabajo merecía la pena. 

Por sus casi veinte novelas, el escritor de la pluma estricta tocó casi todos los temas acuciantes de la sociedad actual: las diferencias sociales, el consumismo voraz, la burocracia oxidante, el poder del clero e incluso la religión. En noviembre pasado, anunció que ya estaba trabajando en su próxima novela, en la que atacaría la industria del armamento. Nos quedaremos sin ella, porque la Parca, que en una ocasión retrató de dama caprichosa, hoy ha querido cumplir escrupulosa su tarea.  

Con Saramago se marcha otra de las grandes voces humildes de la literatura actual. En marzo lo hizo Miguel Delibes, que murió en su Valladolid natal unos meses después de que, al ocaso de 2009, se cerrara el telón para Francisco Ayala, que será para siempre, en mi memoria, el escritor del rostro entrañable. 

Menos mal que las palabras, al contrario que las personas, sí pueden ser eternas. Quedarán esperando, con infinita paciencia, a los ojos ávidos que les den vida con cada lectura. De momento, los míos paserán atentos por la vida de Cipriano Algor y su familia, esos pobres alfareros que se enfrentan a los grandes productores a base de testaruda constancia. Un bonito ejemplo que poder seguir, al estilo Saramago.